Crítica de cine: ‘The imitation game’ (Morten Tyldum, 2014)

The imitation game Benedict Cumberbatch
Keira Knightley y Benedict Cumberbatch en The imitation game. Cortesía de Tripictures.

De primeras, la premisa de The imitation game ya me pareció interesante: descubrir a Alan Turing, el precursor de la informática moderna. ¿Cómo fue una de las personas responsables de cambiar la manera de entender nuestra historia más reciente? La sorpresa se produjo al descubrir que Alan Turing fue un matemático y criptógrafo inglés que trabajó para el gobierno británico descifrando a Enigmael sistema de comunicación alemán durante la Segunda Guerra Mundial – consiguiendo la victoria para los aliados y acabando así con el conflicto antes de lo estimado.

Tras esto, mi curiosidad por este personaje va en aumento. Turing – interpretado por Benedict Cumberbatch – también fue un agnóstico de la violencia y uno de los mejores guardando secretos para poder continuar con su obra. Llegados a este punto, me declaro completamente enganchada al personaje. Aunque intentaron convencerle de que tan solo era un pequeño engranaje de una gran cadena de mando, lo cierto es que Turing se convirtió en el motor de la operación y acabó asumiendo el papel de Dios decidiendo, a partir de la información alemana que conseguían descifrar, qué era top secret y qué no, quién se salvaba y quién no, tras reventar a la máquina del mal.  Muy fan de Turing. […]

Este es un extracto de la review de cine que escribí sobre la película The imitation game, publicada originalmente en El cine en la sombra. Puedes continuar leyéndola en su web.